No sé cuántas veces habré recorrido esas calles, pero aún así parece insficiente. Hasta ahora nunca me había dado cuenta de todos sus detalles: de los colores de las fachadas, de esos balcones sacados de la Edad Media, de la hiedras que trepan por ellos ... de la pobreza que las rodea. ¿Cómo podía estar tan segura entonces en su momento de que las conocía? Tenía ante mí un tupido velo que me impedía ver cómo eran en realidad. Sí, el mismo que teníamos cuando éramos pequeños que nos hacía ver las cosas tan simples y tan distintas de la de los mayores, y que nos hacía sentir en ocasiones incomprendidos. No éramos capaces de entender cómo ellos no se daban cuenta de esas cosas que dábamos por obvias, de esas soluciones tan sencillas que proponíamos para cualquier problema; pero es que hay que aprender que la subjetividad está siempre ahí y que en momentos concretos se disfraza y engaña a ese pobre ingenuo que está dentro nuestra haciéndole creer la suya es la única verdad.
Parece que el tiempo y la distancia han causado estragos en esa antigua visión mía. Las cosas no parecen estar en su sitio, no tengo la sensación de estar ni siquiera en el mismo lugar. Hasta hace un momento no sabía si prefería la ciudad del ayer o la nueva que tenía ante mí, pero creo que plantearme esto ahora no sirve de mucho, no hará que las cosas cambien, sino que aumentará mi tormento si resulta escogido el pasado. Así que habrá que acostumbrarse a la nueva vida, habrá que abrir mucho más los ojos, porque ahora lo desconozco todo. Año nuevo .. ciudad nueva.
Hace 14 años
